Parte de la historia



Parte de la historia

Laura fue siempre una excelente hija: responsable, estudiosa y encima linda. Creció y cuando llegó el momento de elegir carrera, se inclinó por el arte dramático. Yo la apoyé desde el primer momento, en contra de lo que decían todos los demás aun los padres de sus compañeros de estudio. Simultáneamente, comenzó a estudiar periodismo porque le sobraba el tiempo. Se recibió en ambas carreras. Esto lo hizo en Rosario mientras yo estaba en Tierra del Fuego.
En enero del '98 vino de visita en vacaciones presentando anorexia y bulimia simultáneamente. Cinco años había pasado entonces lejos de mí y yo no podía saber qué le estaba pasando. Incluso MI familia -años después- me contaron que notaban comportamientos erráticos en ella. Lamentablemente tarde. Quise hablar con ella y se armó la gorda. Se fue de mi casa y no la volví a ver nunca más en medio de una maraña de mentiras y engaños que urdieron todos para ocultarla (porque su padre y su hermana -sí, mi otra hija- sabían dónde estaba). La esposa de su padre me insultó cuando llamé por teléfono para hablar con su padre y otras cosas sucedieron en estos veinte años. Yo investigué hasta el cansancio, sola, y algunas pistas tuve. La busqué por el programa Gente que busca Gente y más tarde di con quien sería su suegro, Rubén Bertea quien primero dijo que sí y luego se negó a atenderme.
Gracias al portero del edificio, supe que mi hija se había ido a México en bicicleta con Pablo Bertea viviendo del canto y la artesanía.
Cuando me enfermé de cáncer la primera vez, le pidieron a mi hija Verónica que me dijera que Laura estaba bien, aunque no me diera su paradero. Se negó y me mandó a la mierda.
Hace seis años, una conocida del pueblo donde yo viví muchos años, Sierra Grande, me escribió para contarme que había descubierto a su marido en la cama con mi hija, según ella, un viejo que "necesitaba viagra para tener sexo".
Ahora, me confirman que mi hija sigue viviendo con el tipo, médico, de 69 años (mi hija 42) y yo calculo que lo hace para tener palenque ande rascarse y, posiblemente, algo más.

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