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47 años

Estás a punto de cumplir 47 años. Se lo comenté a un amigo y por toda respuesta dijo: "Una vieja". Y más allá de la humorada de mi amigo, me quedé pensando en que sos más que una adulta.  Una adulta que ha poblado su vida de distancias, olvidos, de gente que ha pasado por ese camino sin dejar huella, a los cuales les has mentido, les has contado una historia plagada de fantasía... una vida, en suma, vacía.  Qué tristeza me da tu vida, mucho más que la mía sin vos, Laura.
"El dolor y el amor están entrelazados para siempre. El dolor es el terrible recordatorio de la profundidad de nuestro amor".    Por eso me duele tanto tu ausencia.

Van siendo los últimos...

 Sí, mi Laurita, van siendo los últimos comentarios que haré sobre vos y tu increíble deseo de no volver a hablarme.  No pasa un día en que no repase cada minuto de mi vida junto a vos. Y, como dice una de mis hijas postizas, te he alimentado, te he enviado a la escuela, he cuidado tu salud, te he vestido, he participado en todas las actuaciones tuyas, en todas las reuniones de padres... en fin... he cumplido con todas mis obligaciones, incluso la de mantenerte económicamente SIEMPRE hasta en tus estudios terciarios. No contando con un solo peso de parte de tu padre, quien siempre se refirió a mí como "la puta de tu madre". Sí, creo que la peor de las cosas que me han pasado ha sido soportar a un violento energúmeno como Roberto Modesto Matas, quien no sólo dejó de trabajar en forma registrada para no sufrir descuento de haberes, sino que se tomó el trabajo de llenarte la cabeza de mentiras y lograr su objetivo de alejarte de mí. Me da mucha tristeza saberte SOLA, sin familia...
 Acabo de enterarme que el año pasado falleció quien era tu pareja. La noticia me conmovió profundamente. Quiero decirte que si estás sola y necesitás ayuda, siempre podés contar conmigo.

Virus letal

El virus más letal que nos afecta es la falta de empatía, la falta de amor al otro. Muchas veces me pregunto cómo podés vivir sin amor, sin tus afectos, sin tus hermanos...  Estos días de pandemia en los que tenemos miedo por aquellos a los que amamos, me angustia pensar que si te pasara algo, no podría enterarme. ¿Quién me informaría de tu muerte?  Ojalá estés bien de salud. Qué más puedo desearte, hija? Cualquier cosa que te desee no te importa. Qué tristeza. Mi Laurita.

Canelones

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Estamos en cuarentena. Y lo que más me preocupa es que no puedo saber cómo estás. Aquí haciendo los canelones para recordarte. Eran tu especialidad. ¿Te acordás?

Domingo otra vez

La veo bajar del auto, abrir la puerta trasera y rodear al bebé con sus brazos para sacarlo de la sillita. Lo cubre del viento y del frío. Entra a la panadería, le arregla la remerita que le quedó enrollada en el cuello. Le limpia los moquitos con un pañuelo de papel –nosotras lo hacíamos con pañuelos bordados de tela-. Lo acuna mientras la empleada la atiende. Se las arregla para sacar el monedero, pagar y llevar en un brazo la compra y en el otro continuar cargando el bebé hasta regresar al auto. Y no puedo dejar de pensar en cuántas veces se repitió esa escena con mis tres hijos. Cuántas veces los abracé, los cubrí, les limpié los moquitos o las bocas pegajosas de dulce de leche. Cuántas imágenes repetidas que jamás significaron un peso, una queja, un dolor de espalda… pero sí un esfuerzo por mantenerlos seguros, abrigados, limpios, bien vestidos, bien alimentados. Y sigo pensando en las madres que abandonaron a sus hijos, o los dieron en adopción… y en esos hijos busc...